EL CUADERNO
"...todas estas historias no son más que ejemplos de la opresión del fuerte sobre el débil, del rico sobre el pobre."
Talisma Nasrin
Sonó la musiquilla del programa. Habló el locutor: < < ¿ Ahora qué hago con el texto?. Me lo mandó un amigo mío. Dice que encontró el cuaderno entre unos escombros. Sé que es muy duro. Todo el mundo me dice que os lea cosas alegres. Pero desde esta emisora yo me niego a untar de rosa lo que no puede ser. No son cosas tristes porque sí. Son cosas tristemente verdad. Dentro de poco no sabremos qué es una ilusión y qué es realidad. Lo verosímil es falso.
Todos los días como. No paso frío. Cuando abro el grifo sale agua caliente. Doy al interruptor de la luz. Se encienden las bombillas. Tengo un pijama y un abrigo. Puedo comprar cigarrillos. Puedo comprar muchas más cosas de las que necesito. Puedo pensar lo que quiera, cuando quiera, donde quiera, como quiera. Tengo un techo y duermo abrigado. Tengo nostalgia de ese sentimiento de lo mágico cuando la noche de Reyes aparecían las cosas así. Que aparezcan cosas de repente y cambien el mundo. Es la ingenuidad por excelencia. El deseo del acontecer, el deseo de que se puede hacer realidad es una ilusión que pronto olvidamos porque descubrimos que detrás siempre está la mano del hombre. Esto nos tendría que animar a ser mejores. Al final nos mantiene en pie solo el dinero y el poder. Esto sí es triste. La guerra se alimenta de estas miserias. No es triste es la triste realidad de nuestra desconfianza hacia el vecino sea cual sea su distancia, sexo, raza, religión. Cobardía por no exigir a los representantes de nuestra tribu una actitud limpia y coherente con los más débiles. La honestidad paga su tributo al carro del poder. Si los niños aprenden a sacarle partido al odio, mañana sembraran con la misma semilla. .> >
Tres de enero de 1995
Hace frío. La ventana de mi casa está tapiada por unos tablones clavados en cruz. Apenas quedan muebles en casa. El armario del comedor que tanto quería mi madre lo quemamos el otro día. Mi padre no tenía forma de encontrar carbón, es muy caro. Desde hace un año llevo el mismo jersey. A mi me gusta. Cada poco tiempo cambia de colores y formas porque mi tía me lo llena de parches. Para no pasar frío durante la noche duermo con mis hermanos. A mi hermanito le duele el pie . Hace unas semanas un obús estalló en la pared del comedor e hizo un enorme agujero. Un trozo de hormigón le saltó en el pie izquierdo. Me gustaba mucho ir a la escuela. Lo que más me gustaba era cuando por estas fechas hacíamos una obra de teatro en la clase de los mayores. De la maestra desde que empezó la guerra nadie sabe nada. Se la llevaron unos soldados en un camión. Hay mañanas que los cristales del cuarto de baño están completamente blancos. Con hielo. Con mi hermana dibujo sobre los cristales helados. Cogemos un trozo de hierro y pintamos árboles y casas. Con un puñado de pinturillas pintamos los surcos. Queda muy bonito. Mamá acaba de llegar sube con un poco de agua. Ya no se cierra la puerta con llave porque los marcos y las cerraduras están torcidas. Cenaremos un poco de sopa. mamá es muy lista y dice que trae los fideos gracias a los soldados del casco azul. Me gustaría que los Reyes me trajeran carbón esta noche. Así tendríamos todos un poco más de calor y mi hermano pequeño no lloraría tanto. El otro día vinieron unos periodistas. Nos dieron chocolatinas y unos calcetines nuevos. Pensaba que se iban a quedar con nosotros pero después de estar tres días haciéndonos preguntas y escribiendo en cuadernos se marcharon. Hoy puedo escribir porque este cuaderno y este lapicero me lo regaló el periodista con bigote.
Cuando se fueron nos quedamos un poco tristes. Había más calor porque éramos más personas juntas. La guerra ha traído el invierno a casa. Papá tiene guardadas las bombillas en un cajón por si viene la luz, para que no se rompan. Me gustaría que este año nuevo los Magos se llevaran la guerra lejos para volver a la escuela. Mamá hizo el otro día con un trozo de cartón y con sus calcetines y sus dedos hizo unos muñecos muy bonitos. Nos reímos mucho. Vinieron los vecinos de al lado porque no podemos jugar en las calles del barrio. Jugamos en las escaleras y en los pasillos del portal. La barandilla que era de madera tuvimos que quemarla y repartir los trozos entre los vecinos para hacer la cena de Navidad. Dice mi tío que ya es hora de irnos a la cama. Duermo vestido porque con mi pijama tuvimos que hacer vendas para los heridos. Hace mucho frío. Me gustaría que mañana cuando me despierte me dijera mi madre que ya podemos salir a jugar a la calle porque hay paz. La nieve de los montes la vemos desde el agujero que hay en la pared. Me gustaría jugar con la nieve e ir a la escuela con una cartera nueva. Mamá dice que esto ya no puede durar mucho. Pero siempre hay tanques en la calle y bombas que estallan en los edificios. Estoy contento con mi cuaderno porque puedo escribir. A veces la hija blanca me parece nieve y las rayas azules me recuerdan las vías del tren cuando íbamos a ver a los abuelos al pueblo. Mañana pintaré sobre el hielo de la ventana una cometa. He pensado que como no me quedan pinturillas rojas cortaré la etiqueta roja de la bolsa de los fideos y la pondré entre el hielo de la ventana, es como pegamento. Me voy con mis hermanos a la cama. Hasta mañana.
< < ¿Y ahora qué hago con el texto?. Es para ti. Haz lo que quieras con él según tu conciencia y condición. Eres libre de rehacerlo, rechazarlo, ignorarlo o hacerlo presente. Por mi parte seguiré sin apoyar cualquier iniciativa que compare, valore a la persona en función del sitio que ocupa en su tribu o del dinero que tenga. Queridos oyentes que los niños que sufren la guerra no padezcan por nuestros absurdos y ridículos preceptos.> >
El locutor se despidió con una palabra amarga en el paladar y cerró el micrófono. Antes de sonar la sintonía habitual del programa saltó al aire una canción con sabor a madera, a ternura, a pasión sin edades, sujeta al deseo de no más guerras, ni cuadernos de niños olvidados bajo las ruinas de la guerra.